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lunes, 5 de diciembre de 2016

Los Menceyes guanches de Tenerife


Era una tarde radiante, del 20 de junio de 2015, cuando paseaba por la plaza de Candelaria, se me ocurrió efectuar unas fotografías, de los monumentos de los Menceyes, sin ninguna intención especial. Algo muy común, como haría cualquier otro visitante, que tuviera una cámara en la mano. Pasaron los meses, y estando entretenido en otras cuestiones, un día; examinando las fotos; pensé aprovechar aquel material, para realizar una breve disertación, referente al tema. 

En principio, el proyecto parecía interesante. No obstante, debido a mis diversas ocupaciones, el plan se quedó arrinconado en una carpeta; hasta que hace alrededor de un mes, que consulté unos apuntes, mientras estudiaba algunos libros y artículos relativos, a la materia que yo trataba de explorar; no dejando de asombrarme este asunto; lo cual, ya me había extrañado en el pasado. 

Esto supone, simplemente, una aproximación a la parte artística. No entraré en la controversia, en la “historicidad” o “ficción” de los personajes, o de sus nombres, sino en la plasmación de las esculturas, por medio del artífice lagunero: José Abad. Siendo el resultado de un gran compromiso; con tal de sustituir, a otras obras anteriores; de 1959; que habían sido hechas, por Alfredo Reyes Darias. Las cuales se trasladaron a la rambla de los Menceyes.

El conjunto escultórico, de los nueve monumentos, dedicados a los menceyes guanches; los reyes de los menceyatos de Tenerife; durante la conquista de Tenerife, a finales del siglo XV; se realizó por el artista José Abad (= Juan José González Hernández Abad), en colaboración de un equipo artístico. Se trató de un encargo especial, de la Fundación Pro-Menceyes Guanches – Plaza de la Patrona de Canarias. Esta asociación se constituyó el 5 de febrero de 1992; estando compuesta por: D. Antonio Hernández Marrero; alcalde del Ayuntamiento de Candelaria (entre 1991-1994); el Padre D. Jesús Mendoza González; superior del convento de los dominicos de Candelaria, y D. Antonio Plasencia Santos; administrador de la Promotora Punta Larga.

Entre los primeros acuerdos se encomendó: un estudio sobre el número de menceyes, al catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, Jesús Hernández Perera; y el encargo de los monumentos, al escultor lagunero, José Abad. El presupuesto inicial se calculó en sesenta y cuatro millones de pesetas; aunque al final, se alcanzó los ochenta millones.

La inauguración oficial de las estatuas monumentales, hechas en bronce, tuvo lugar: el 13 de agosto de 1993. El grupo conmemorativo, fue costeado por el Cabildo Insular de Tenerife; el Ayuntamiento de Candelaria; la Unión Eléctrica de Canarias; CajaCanarias; la Promotora Punta Larga, y la subvención específica, del Gobierno de Canarias. Estas esculturas están alineadas, en un lateral de la plaza principal de la Villa.

Las esculturas fueron diseñadas, en el estudio del escultor José Abad, en La Laguna. Asistido el artista tinerfeño, por su hermana, la pintora Consuelo González, y su sobrino Pedro J. Rivero González. Otro sobrino: Roberto José Pérez González, posaría como modelo. Colaboró en la realización de los moldes, la pintora Silvia Ramos Díaz. Y la fundición en bronce, se llevo a cabo, por la empresa Magisa, en Madrid. Además, se emplearon como pedestales, nueve grandes bloques de oceanita, labrados como elementos escultóricos, para enaltecer las estatuas.

En general, los menceyes han sido imaginados, como unos gigantes de 3 metros de altura; robustos y muy ligeros de ropa. Me recuerda la idea heroica, del mundo clásico (grecolatino). Sin embargo, no se corresponden con el vestuario decente, de los antiguos aborígenes. Si observamos las estatuas por detrás, aparecen con las nalgas al aire, con una tira en el medio. Llevan puesto un “calzoncillo” tipo tanga. Todo un escándalo, que pasa inadvertido, a la mayoría de los transeúntes. En cuanto a las capas de algunos retratados, parecen más unos elementos decorativos, meramente distintivos, que unas prendas “históricas”. Lástima que no se conservara, la indumentaria de los primitivos, y que ese furor, cercano al nudismo, acabara teniendo consecuencias, en otros monumentos tinerfeños, posteriores, y en otras manos artísticas.

A pesar de todo, destacaré por su notable calidad, a tres menceyes que merecen mi atención: Beneharo, Pelicar y Tegueste. A continuación mostraré el orden de las esculturas, desde la primera que vemos (Acaymo); a la entrada de la plaza; así como las siguientes y la última; el mencey Tegueste; el más cercano al Santuario.

1º. Acaymo. Mencey de Tacoronte.

2º. Adjona. Mencey de Abona.

3º. Añaterve. Mencey de Güímar.

4º. Bencomo. Mencey de Taoro.

5º. Beneharo. Mencey de Anaga.

6º. Pelicar. Mencey de Icod.

7º. Pelinor. Mencey de Adeje.

8º. Romén. Mencey de Daute.

9º. Tegueste. Mencey de Tegueste.


Referencias bibliográficas:

ALONSO, María Rosa: Los menceyes guanches de Candelaria, Santa Cruz de Tenerife, 1993.

ANÓNIMO: “Los guanches cumplen 20 años”, periódico La Opinión de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, 13 de agosto de 2013.

ARVELO, Álvaro Marcos; PALENZUELA, Nilo; ABAD, José: José Abad – Eros, formas y azar – retrospectiva [1958-2011], Obra Social y Cultural de CajaCanarias, Santa Cruz de Tenerife, 2011.

BETHENCOURT ALFONSO, Juan: Historia del pueblo guanche (edic. anotada por Manuel A. Fariña González), Francisco Lemus Editor, La Laguna, 1991.

REDACCIÓN: “Fiestas de la Patrona de Canarias – De Acaymo a Tegueste, nueve menceyes”, Candelaria 93; suplemento del periódico El Día, Santa Cruz de Tenerife, 14 de agosto de 1993.

RIQUELME PÉREZ, María Jesús: La Patrona de Canarias y su Real Santuario, Ayuntamiento de Candelaria, 1996.

Vista de la playa de Candelaria.

Bibliotecas visitadas, en las cuales se conservan los libros y los artículos de prensa:

-Biblioteca Pública Municipal de La Victoria de Acentejo.
-Biblioteca Pública Municipal de La Orotava.
-Biblioteca de la Universidad de La Laguna - Campus de Guajara.

Agradezco a todo el personal, de estos centros de documentación, por el buen trato recibido y por su profesionalidad.