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lunes, 1 de junio de 2015

Casa Batlló (1904-0906) - La guarida del dragón


La célebre casa Batlló está situada en el Paseo de Gracia (Passeig de Gràcia), número 43, en Barcelona. Es un edificio de varias plantas; compuesto por unos pisos de lujo; los cuales han pasado por diversos propietarios, a lo largo de su historia. En su origen, esta obra arquitectónica fue construida entre 1875-1877, siguiendo un diseño convencional, del arquitecto Emilio Sala Cortés (1841-1920). Nadie sospecharía en aquel momento, lo que depararía el futuro a esta edificación. Hasta que en 1903, este bloque de viviendas fue comprado por Josep Batlló i Casanovas (†1934); un rico empresario de fábricas textiles. El nuevo dueño encargó la reforma de la casa, al genial Antoni Gaudí i Cornet (1852-1926). El arquitecto catalán más representativo del modernismo español, quien llevaría a cabo una remodelación completa (en varias fases), desde el sótano hasta la cubierta; con todos los elementos complementarios; tanto internos como externos; durante 1904 y 1906.

Existen dos niveles en el subsuelo. En el nivel de la calle está la planta cero. Encima, la planta noble o el piso 1; la residencia Batlló (originariamente). Luego se superponen una serie de pisos, manteniéndose el esquema planimétrico de Sala; aunque Gaudí inventaría la planta 5; para destinarla al personal de servicio. La fachada que se muestra a la calle, la más asombrosa, sin lugar a dudas, es el único paradigma de toda la Historia de la Arquitectura. Es por esto, por lo que ha concentrado siempre, la atención de todos los especialistas en la materia artística. Siendo una obra capital en cualquier prueba académica; por la variedad de sus detalles, y la propia concepción creativa de Gaudí. Un reflejo de su gran fantasía, y de su maestría artesanal; en la minuciosidad de la decoración. La plasticidad de la composición rompió con los prototipos tradicionales, de las modas historicistas. Las formas naturales y orgánicas de la estructura, no son un mero ornato sobrepuesto. La casa Batlló no parece una obra arquitectónica, a simple vista. La vivienda se ha convertido en una forma escultórica. Algo extraordinario que asombró al público de la época, y que sigue impresionando, a todos los turistas que visitan esta construcción imaginativa.




¿Qué hacen esos antifaces en los balcones? ¿Por qué el tejado tiene forma de espinazo de un saurio? ¿Cuántas veces la gente se lo pregunta? Mientras los expertos discutimos la hipótesis del animal prehistórico; o seguimos el camino de la conjetura del dragón; cada persona podrá ver lo que quiera. Lo que sí está claro: que esta casa no deja indiferente a nadie. Normalmente, nos atrae su característica singularidad. El paramento se alterna de piedra natural (arenisca gris), seguida por piezas de cerámica de diversos colores. Así Gaudí se diferencia de lo que hacían otros arquitectos del modernismo. Véase la amplia galería de la planta noble. También, la entrada con los seis puntales de piedra, unidos entre sí, por cinco arcos. Estos soportes parecen las patas de un paquidermo. La articulación volumétrica es cóncava y convexa, y nos trae a la mente unas formas óseas. En contraste, si observamos el muro exterior de los pisos más altos, descubriremos una policromía refulgente, por el revestimiento de la cerámica vidriada; con un color principal de azul verdoso; cuyo matiz varía, a medida que transcurren las horas y las luces solares del día.

Las desconcertantes aberturas de la tribuna, en la planta noble, con sus vidrieras polícromas, pueden evocar las fauces abiertas de un animal prehistórico, o las alas desplegadas de un murciélago. Asimismo en el interior del edificio prevalecen las formas redondeadas; tanto en las puertas como las ventanas. Unas creaciones originales; productos de la exuberante imaginación de Gaudí. Precisamente, en la vista que da a la calle, sobresale una torreta cilíndrica; inscrita en la parte superior de la fachada; y que oculta una escalera de caracol. El aspecto bulboso del coronamiento recuerda una cabeza de ajo, terminada en una cruz de cuatro brazos; la cual ha sido interpretada como la empuñadura del arma de San Jorge, clavada en el dragón. Hay que tener en cuenta: que el arquitecto era un católico muy devoto. Por ello colocó unos anagramas religiosos. Una manera de bendecir su propia obra; formando parte de la decoración exterior; combinando los discos y los fragmentos cerámicos.



El inmueble se remata con una cubierta insólita; la cual nos recuerda la espina dorsal de un saurio; en tanto que las chimeneas de la techumbre, después de los áticos, se igualan a una cresta de ola; o una reunión de inquietantes criaturas. El tejado está formado por tejas japonesas (escamas) de cerámica vidriada; las cuales oscilan entre los colores: ocre, azul y verde. Todo un abanico de efectos, que pretenden materializar su fuente de inspiración. Merecidamente ha sido y seguirá siendo: uno de los edificios más emblemáticos de la Historia del Arte; muy admirado y fotografiado por millones de entusiastas; alcanzando la cima de la popularidad. Al mismo tiempo que nos sugiere nuevas ideas, y nuevos afanes por recrear esta edificación modernista, en un ser especial, de una animación virtual. Su poder de fascinación no conoce los límites de la mente.


Detalle de la escalera principal. Los pasamanos y las paredes de apariencia sinuosa y orgánica. Algo similar al interior del intestino, de un animal gigantesco.


Techo del descanso de la escalera. Justo antes de la entrada a la sala noble. Una espiral que retuerce la cubierta. Y una lámpara que parece un girasol.


Interior de la planta 1. Piso noble. Sala de la residencia Batlló. La luz que entra por las vidrieras produce unos efectos coloreados, muy apreciados por los fotógrafos.


Fotograma de una animación virtual. Muchos artistas se han inspirado en esta obra arquitectónica, para realizar otras creaciones; experimentando con su encanto mágico.