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lunes, 12 de noviembre de 2012

Templo de la Oración de las Buenas Cosechas


Es el mayor templo del conjunto de edificaciones, que popularmente se conoce como: “Templo del Cielo” (Ch’i-nien-tien), ubicado en Beijing (Pekín). El conjunto está compuesto por el Altar del Cielo, el Templo para orar por las Buenas Cosechas (Qiniandian), y la Bóveda Celeste. En su origen fueron establecidos, por orden del emperador Yongle (reinado 1402-1424). El fundador de la ciudad de Beijing; la nueva capital del imperio chino, en aquella época. Él mandó erigir la Ciudad Prohibida (1403-1417); siendo la sede de la corte y del gobierno.

El emperador únicamente salía de su palacio en primavera; cuando debía visitar el Templo del Cielo; emplazado fuera de la Ciudad Prohibida; para invocar por las buenas cosechas. Este pabellón de la oración se construyó entre 1420 y 1421; al norte del altar. Sus formas geométricas se animan, por los colores vivaces que las decoran; el blanco marmóreo de la triple terraza balaustrada; el rojo de los paneles y el azul (en los techos superpuestos).

Las tres terrazas están circunscritas, por un recinto cuadrado; en cambio, el templo tiene una planta circular, que muestra una estructura de madera, con un tejado cónico de tres pisos; de magnitud decreciente; utilizando tejas barnizadas en azul.


En su interior se descubren 28 columnas; las cuales aluden a las divisiones de tiempo. Las 4 centrales a las estaciones del año. Alrededor unas 12 que simbolizan los meses, y otras 12 contiguas; a las secciones del día. Cada columna posee 19,2 m de altura. El pabellón mide 37 m de alto. Y el diámetro de la base: 26 m.

El templo ha sido reconstruido varias veces: en 1751 por el emperador Qienlong (Ch’ieng-lung, 1736-1796); en 1889, después de caerle un rayo; y en 1896, tras un incendio. A pesar de las vicisitudes, desde 1998 está considerado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Torre de Pisa

Palacio de la Capitanía General de Canarias


La fachada se abre a la avenida 25 de Julio. Muy cerca de la plaza Weyler, en Santa Cruz de Tenerife. Después de diversos proyectos de la segunda mitad del XIX, se escogió el diseño de D. Tomás Clavijo y Castillo-Olivares; comandante del cuerpo de Ingenieros; que firmó los planos el 23 de septiembre de 1878. Siendo examinados por D. Juan Vidal Abarca.

La idea de construir una nueva sede, fue iniciativa del general D. Valeriano Weyler y Nicolau (capitán general de Canarias entre 1878-1883). Antes de promover la obra arquitectónica, se derribó el antiguo hospital militar. Sobre este solar se comenzó este palacio, el 1 de mayo de 1879; interviniendo en la construcción, Domingo Sicilia; maestro mayor de obras militares; perteneciente a la comandancia de Ingenieros. El edificio se concluyó el 31 de diciembre de 1880.

Este palacio de dos plantas, concentra en su fachada la parte noble y simbólica. Su tendencia horizontal se rompe con el gran frontón triangular; de la parte central; elevada con escalinata de acceso. Las salas laterales son idénticas y simétricas. Apareciendo frontones triangulares, encima de las puertas de los balcones de rejería, en la segunda planta; coronada por una balaustrada.

La zona central se articula con pilastras superpuestas. El primer cuerpo está cubierto, de sillares de piedra lisa; excepto los vanos de la puerta principal, y las cuatro ventanas. Mientras que el segundo cuerpo, presenta una superficie lisa y encalada. Cuenta con cinco puertas, frontones curvos y balcones de rejería. El balcón principal contiene tres puertas.

El relieve que decora el gran frontón triangular, representa el escudo del Reino, acompañado de leones y de trofeos militares; realizados por el artista D. Gumersindo Robayna Lazo (1829-1898). Autor también de la decoración del Salón del Trono. De su techo; así como de las paredes y de la techumbre del comedor; ambas en el interior de la planta superior.

Aunque algunos autores han clasificado este palacio, dentro del estilo neoclásico, no es apropiada tal calificación; ya que está fuera de la época neoclásica. Su configuración estilística muestra: la simplicidad arquitectónica, y la ornamentación puntual, del clasicismo romántico.



Fuente de la plaza Weyler


La plaza Weyler es un lugar de singular belleza, en la zona centro de Santa Cruz de Tenerife. En su origen era un amplio terraplén, conocido como: "plaza del Hospital Militar". Tras la plantación de sus primeros árboles, en 1875, sería denominada popularmente: "plaza de los árboles". El 25 de julio de ese mismo año, se inauguró: la prolongación de la calle del Castillo; desde la calle San Roque (hoy José Suárez Guerra), hasta esta plaza. Y en los años siguientes se construyeron varias casas de dos plantas.

En 1879 la "plaza de los árboles" recibió un nuevo nombre: "plaza de Weyler". Dedicada al capitán general D. Valeriano Weyler y Nicolau; quien mandó la construcción de la nueva sede de la Capitanía General de Canarias; frente a la plaza; que llevaría su apellido a posteriori.

El ilustre D. Pedro Schwartz y Mattos; alcalde de Santa Cruz entre 1897-1899, encargó al escultor genovés Achille Canessa (1856-1905), esta fuente de mármol blanco; con el objetivo de embellecer la ciudad. La fontana traída de Génova fue inaugurada en 1901, y se unió a la red de agua en 1902. Desde entonces, la música del agua, la alegría de los chicos y las conversaciones de los adultos, son el ambiente cotidiano de una plaza de encanto especial.

El conjunto escultórico de estilo neorenacentista, representa un triunfo acuático. La relación amistosa de unos niños con unos delfines; mientras dos infantes muestran unas guirnaldas. El agua símbolo de la vida, mantiene la vitalidad de los delfines, los niños y las flores. Todos dependen del líquido elemento. Las figuras están agrupadas de manera ordenada, en dos pedestales; uno encima de otro. Del centro de una taza ochavada se alza el primer pedestal; de planta poligonal; con cuatro conchas en los extremos; que recogen el agua de las bocas de los delfines.

Los cuatro niños que están sentados en el borde, sujetan la cabeza de cada delfín. Además, esta base cuenta con cuatro mascarones; orientados a los cuatro punto cardinales. La fuente se completa con el segundo pedestal; que soporta el grupo escultórico de la cúspide: tres esculturas de suave acabado. Dos niños junto a un delfín; juegan con unas guirnaldas en sus manos.

viernes, 2 de noviembre de 2012

El Sena en Argenteuil (1873) - Obra de Renoir


Este cuadro se halla en el Museo de Arte de Portland (Oregón, USA). Fue pintado al óleo por Pierre-Auguste Renoir (1841-1919), durante el verano de 1873. El artista estaba practicando el estilo impresionista, con su amigo Claude Monet (1840-1926), en Argenteuil. Una comuna del departamento de Valle del Oise, en la región de “Isla de Francia”; en la ribera derecha del río Sena; situada a 11 km del noroeste de París.

Se titula de varias formas similares: “El Sena en Argenteuil”, “El río Sena en Argenteuil” y “Velas en el Sena en Argenteuil”. Este pequeño lienzo (50 x 65 cm) no es precisamente famoso. Quizá otros motivos de Renoir lo habrán arrinconado. Es un paisaje como otros muchos que realizó. En los que apreciaba los cambios lumínicos sobre la naturaleza, los seres vivos y los objetos. No obstante, sus retratos y sus mujeres desnudas, han eclipsado a sus panorámicas. De ahí que los publicistas prefieran el erotismo, de buena parte de su producción artística.

Hay que tener en cuenta, que Renoir, Monet, Sisley y Bazille son considerados los padres fundadores del impresionismo. Que pintaron al aire libre principalmente; aunque retocaran las obras pictóricas, más tarde, en sus moradas. A ello contribuyó la pintura al óleo, en tubos de cinc; fácilmente transportables; y la influencia del barrido fotográfico. No hay que olvidar, que la primera exposición de los pintores impresionistas, tuvo lugar en 1874, en la galería del fotógrafo Nadar (1820-1910).

El nuevo estilo se caracterizó: por la utilización de pinceladas sueltas, vivas e incisivas, en forma de comas. Además del cuidado contraste de los colores. Revelando un efecto de transitoriedad; a través de las gamas cromáticas; producidas por la luz; a lo largo del tiempo de ejecución, de cada cuadro. Es como si la obra pictórica no se terminara nunca. Siendo una continua pugna, entre la luz y el color; produciendo una ligera sensación de movimiento. Tal y como se ve en los destellos acuáticos del Sena, en este lienzo.

En un extremo de una pasarela aparece un hombre de pie; imposible de identificar; que observa una embarcación de dos velas; reflejadas en el río; mientras unos patos flotan en la orilla. Otro personaje controla la barca. Al fondo distinguimos otros veleros y la ribera opuesta; con una arboleda distante; coronada por una atmósfera densa. Todos ellos son elementos experimentales, en una nueva manera de ver y de pintar, la realidad circundante.