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lunes, 19 de diciembre de 2011

Castillo de Neuschwanstein - Baviera (Alemania)


Enclavado en lo alto de una montaña, y rodeado de abetos, aparece este castillo de granito. Soberbio, como el sueño de su inventor: Luis II de Baviera (1845-1886). Popularmente denominado: el rey “Loco”. No obstante, hay que aclarar, que esa supuesta “demencia”, al parecer, habría sido una invención de los enemigos del monarca; que se apoderaron de su trono.

El rey Luis había visitado el castillo de Pierrefonds (Francia), y había quedado asombrado, por la reconstrucción de Viollet-le-Duc (1814-1879); que se llevó a cabo entre 1858-1870; siendo un encargo de Napoleón III. Al regresar Luis a Baviera, fuertemente inspirado; sería asesorado por su decorador Christian Jank; formándose la idea de levantar un baluarte fuera de lo común.

Luis era un entusiasta de los cuentos de hadas, de la naturaleza, la poesía y la música. Fue el gran mecenas del compositor Ricardo Wagner (1813-1883). La temática de sus óperas impulsarían la decoración interior, del futuro recinto fortificado; con múltiples pinturas murales y otras muchas obras fantásticas; dignas de ser vistas por cualquier visitante.

En 1867, el arquitecto Édouard Riedel (1813-1885) diseñó el proyecto original, del castillo de Neuschwanstein. La construcción comenzó en 1869, y en 1874 la continuaría Georg von Dollmann (1830-1895). No se terminarían los exteriores hasta 1881. Y gran parte de la decoración es posterior. Participaron en las obras, trabajadores bávaros; empleando materiales de la zona; sin apenas importaciones extranjeras.

No se copia ningún modelo determinado. Toma elementos arquitectónicos del arte medieval; combinándolos, para formular algo insólito. No busca la funcionalidad, sino la pura estética. Una obra prominente del eclecticismo histórico. El resultado del último coletazo del neogótico alemán, y la cumbre de la arquitectura romántica. Un cuento de hadas hecho realidad.


Maqueta del castillo.